PAISAJES INVISIBLES / PARAJES IMPOSIBLES

Vistes de l’exposició PAISATGES INVISIBLES/PARATGES IMPOSSIBLES

Cuando se repite la frase “los árboles no nos dejan ver el bosque”, tal vez no se entienda su significado. Los árboles no dejan ver el bosque, y gracias a que así es, en efecto, el bosque existe. La misión de los árboles patentes es hacer latente el resto de ellos, y sólo cuando nos damos perfecta cuenta de que el paisaje visible está ocultando otros paisajes invisibles nos sentimos dentro de un bosque.
La invisibilidad, el hallarse oculto no es un carácter meramente negativo, sino una cualidad positiva que, al verterse sobre una cosa, la transforma, hace de ella una cosa nueva. En este sentido es absurdo —como la frase susodicha declara— pretender ver el bosque. El bosque es lo latente en cuanto tal.
Ortega y Gasset

Invisible es todo aquello que no es perceptible a través de la vista. Invisible hace referencia a aquello que es imperceptible a la mirada. Surge pues una doble condición de la invisibilidad: la que tiene que ver con la vista —incapacidad física de percibir según qué rayos del espectro electromagnético— y la que tiene que ver con la mirada —con nuestro bagaje conceptual, cultural, psicológico, personal… nos impide ver determinadas cosas—. Entre estos dos polos es por donde transitan las obras que forman parte de esta exposición.

En referencia a la vista, simplificando mucho —y sin tener en cuenta los procesos neurológicos ni nerviosos—, podemos decir que hay dos elementos clave gracias a los cuales podemos ver los objetos que tenemos que tenemos delante: la luz i el ojo. La luz es un conjunto de ondas —o partículas, según como se mire— que rebotan en los objetos y entran en el ojo. La luz en realidad es un conjunto de ondas electromagnéticas. Las ondas del espectro electromagnético van desde las ondas de radio y televisión —con una longitud de onda más grande— hasta los rayos gamma y los rayos cósmicos —con una longitud de onda más pequeña—. De todo este amplio espectro, la luz que es visible por nuestro ojo es sólo una porción pequeñísima, que se extiende desde la luz violeta (380-430 nm) hasta la luz roja (625 als 740 nm), pasando por el azul, el cian, el verde, el amarillo y el naranja. Por encima y por debajo de estos rayos se encuentran los rayos ultraviolados y los infrarrojos, que ya no llegamos a ver sino es con la ayuda de aparatos especiales. Este hecho provoca que el mundo que nuestro ojo es capaz de percibir en realidad es muy limitado en relación al amplio alcance de ondas que pueblan nuestro entorno. Si pudiésemos ver el resto de los rayos veríamos el mundo de una forma muy distinta…

En cuanto a la mirada, el encuentro entre la modernidad y el paisaje ha generado unos espacios residuales donde la mirada se bifurca en dos caminos opuestos, el de la indiferencia y el de la admiración. Es precisamente este segundo camino el que los artistas de esta exposición siguen y nos proponen con sus obras: reencontrar la mirada sobre unos espacios en desuso, a veces espacios magníficos venidos a menos, a veces no-lugares que tan solo generan espacios de residuos pero que, en ambos casos, son paisajes que se transmutan en ruinas contemporáneas.

Vistes de l’exposició PAISATGES INVISIBLES/PARATGES IMPOSSIBLES - Foto: Laura Cantarella Vistes de l’exposició PAISATGES INVISIBLES/PARATGES IMPOSSIBLES - Foto: Laura Cantarella Vistes de l’exposició PAISATGES INVISIBLES/PARATGES IMPOSSIBLES - Foto: Laura Cantarella

 

Nuestro viaje por los paisajes invisibles comienza en realidad en la selva guatemalenca, donde la exuberancia de la naturaleza desborda constantemente la voluntad de la acción humana por redibujar el pasado a partir de los restos arqueológicos legados por la historia. Nuestra acción por restablecer los claros, por redibujar los contornos de los edificios, crea nuevos límites, nuevos contornos que delimitan la selva, la naturaleza de la cultura, mostrando de esta manera que todavía hay líneas claras, cortes precisamente marcados como por un bisturí. De este modo, las imágenes de Xavier Ribas, que se titulan Estructures invisibles, nos muestran imágenes de la selva allí donde empiezan los límites de las zonas no excavadas de los yacimientos de Waka. Estos fragmentos de selva esconden, pues, las partes todavía enterradas de antiguas ciudades, que generalmente corresponden a las zonas de vida doméstica que aportan menos información a los arqueólogos que a las zonas de culto. Un paisaje comido por el paisaje; una ciudad comida por la natura; una civilización engullida por la historia. Un paisaje invisible que se hace visible a través de la acción recuperadora del hombre.

Vistes de l’exposició PAISATGES INVISIBLES/PARATGES IMPOSSIBLES - Foto: Laura Cantarella

En el polo totalmente opuesto: los paisajes que el hombre invisibiliza, abandona, deja de fijar la mirada, por desinterés, por obsolescencia o por desuso son los que nos muestra la serie de diapositivas Esquelets, pells mudades i deposicions del capital de Jordi Mitjà. Esta obra es una documentación fotográfica de la frontera entre España y Francia, un lugar que después de la unificación económica europea ha ido generando lugares de desperdicio: casitas de cambio abandonadas, pasos fronterizos en desuso, negocios diversos cerrados… Al fin y al cabo, ruinas contemporáneas. Ruinas no sólo en desuso, sino también “desmiradas”; espacios y lugares donde nuestra mirada ha dejado de posarse, donde cada vez pasamos más rápido con el coche ya que no tenemos que pararnos a cambiar moneda, a comprar, a verificar nuestro paso en los pasos fronterizos…

Vistes de l’exposició PAISATGES INVISIBLES/PARATGES IMPOSSIBLES - Foto: Laura Cantarella

Una obra que recoge la fuerza del gesto de las dos anteriores —la mirada antropológica que abandona el espacio doméstico y la mirada social que abandona los espacios de uso político-económico— es NYC Garbage de Justin Gignac. En un gesto de ‘arqueología contemporánea’, de colecta de nuestra memoria más reciente, Gignac se dedica a recoger desperdicios de Nueva York y a encajonar en pequeñas cajas de metacrilato, otorgándoles de esta manera una presencia escultórica. La recuperación de las excrecencias de la ciudad, de la vida contemporánea de las ciudades del ‘primer mundo’, tan acostumbrada al desecho, generan unos paisajes horribles que la mirada intenta invisibilizar. Las montañas de basura nos ahogan cada vez más, su olor cada vez es más indisimulable y cada vez intentamos alejarnos más de ellas, ignorarlas con más vehemencia… Si bien el gesto de Gignac era aparentemente naïf, ya que surgía de la pregunta “¿Se puede vender cualquier cosa con un buen packaging?”, en el fondo esconde bombas de profundidad para nuestras conciencias, para nuestras miradas, y nos obliga a reflexionar sobre el sinsentido de la manera de vivir contemporánea.

Si hasta ahora la invisibilidad venia dada por nuestra disposición en ver o ignorar lo mirado, con la fotografía de la serie Topografia del Trauma de Laura Cantarella es la fuerza de la naturaleza la que aparta el hombre ‘civilizado’ —es decir, ‘el hombre que vive en la ciudad’ en el sentido etimológicamente original del término— y que, por tanto, aleja su mirada. La increíble fuerza de la imagen de esta casa semi-enterrada por la lava del volcán Etna a menudo da la sensación de ser una imagen irreal, como de cuento. Onírica, incluso. La fuerza de sus colores, el contraste con el negro de la lava, el verde de los árboles, el azul del cielo y el naranja de las tejas, un cielo casi imposible y un marcado claroscuro que recuerda los cuadros de Caravaggio hacen que parezca un escenario preparado. Pero, como siempre, la realidad supera con creces la ficción; Laura Cantarella es una ‘fotografa’ en el sentido estricto de la palabra, ella tan sólo —o, mejor dicho, sobretodo— se dedica a apretar el botón de la cámara, recortando, de esta manera, trozos de la realidad que tiene delante y que para el resto de nosotros pasan desapercibidos. Su ojo es capaz de detectar y captar estos fragmentos de realidad como tan sólo lo saben hacer los verdaderos captadores de la inmediatez: sin manipulaciones, sin escenarios, sin artificios; tan sólo abriendo el obturador en el segundo preciso, haciendo visible lo que para el resto es invisible: lo que tenemos delante de los ojos.

Vistes de l’exposició PAISATGES INVISIBLES/PARATGES IMPOSSIBLES - Foto: Laura Cantarella

Todas estas obras son básicamente un ejercicio de recuperación a través de la mirada estética de unos paisajes que se han convertido en invisible a través del tiempo, del desuso, del desperdicio o de la expulsión.

La aparición del fenómeno de las Micronaciones (ver listado micronaciones) hacia los años sesenta del siglo XX permite también recuperar espacios que han sido abandonados y que conforman nuevos paisajes. Las Micronaciones son estados, países o naciones sin reconocimiento oficial creados por personas individuales, grupos sociales, familias o colectivos y que, en muchos casos, emulan las formas y los usos de los estados ‘reconocidos’, creando también sus monedas, los pasaportes, los sellos, las banderas, los himnos, los ejércitos… Este fenómeno tiene su origen en la época colonial, en que el descubrimiento de nuevas tierras y de nuevas civilizaciones permitía que los europeos se apropiasen de ellas —tanto las tierras como las personas— y proclamar estados allí donde no havia —siempre, claro, según el parecer de los propios europeos—. Este hecho era posible en un momento en que aún quedaban ‘espacios para la apropiación’ y no había una globalización de la información: el tiempo de la comunicación todavía era relativamente lento. Estas son las dos grandes diferencias entre este sobiranismo tardo-colonial y el fenómeno de las micronaciones. Para estas últimas ya no quedaban demasiados espacios para apropiarse y han tenido que recurrir a estrategias imaginativas: recuperar espacios abandonados y dotados de indefinición para las leyes vigentes (Principality of Sealand); intentar apropiarse del legado de alguno de los regnos creados a principios de siglo (Seborga, Regne de Redonda); o, simplemente, inventarse espacios virtuales o crear islas de independentismo dentro de los países ya existentes (République indépendante du Saugeais, Molossia…). Esto provoca que los lugares totalmente invisibles como pueden ser islotes minúsculos en medio del océano o plataformas petrolíferas abandonadas pasen a ser recuperados y hasta cierto punto visibilizados. Actualmente en todo el mundo hay más de 2.500 Micronaciones esparcidas entre los mundos virtuales de Internet y el espacio físico real.

Bajo el concepto Paisatgisme Electrònic se han reunido, con la colaboración del músico y Dj. Joan Malé (Monoceros), piezas musicales del panorama de la música electrónica más minimalista que, con su sonoridad, evocan en cierta manera unos paisajes que se esconden con imágenes imprevistas en nuestro interior y que afloran a medida que se construyen estas almohadas sonoras. Muchas veces nos remetimos a paisajes nórdicos con grandes extensiones de hielo y nieve. Con la instalación del neón que va oscilando la intensidad de la potencia de su luz en un espacio blanco se crea un escenario hipnótico que ayuda a dejarse llevar por estas imágenes. Unos paisajes invisibles que seguirán siempre invisibles ya que se producen más como conjuntos de sensaciones del alma que como vivencias exteriorizables. Paisajes indescriptibles para los otros ya que son vivencias interiores.

Vistes de l’exposició PAISATGES INVISIBLES/PARATGES IMPOSSIBLES - Foto: Laura Cantarella

Como decíamos al principio, hay una distinción entre dos tipos de invisibilidad. Si hasta ahora hemos hecho un recorrido por los paisajes que, por diversos motivos, son invisibles a nuestra mirada, ahora nos adentramos en los paisajes que son invisibles a nuestra vista, es decir, que nuestro ojo es incapaz de percibir físicamente y necesita de la ayuda de la ciencia y la tecnología para hacérnoslos visibles.
Este es el caso, por ejemplo, de las dos representaciones de un átomo que se han escogido. Por un lado, la representación de Nils Bohr, que, siguiendo el esquema de nuestro sistema solar, lo muestra como un conjunto de electrones que orbitan alrededor del núcleo, generando de esta manera una imagen de una gran potencia estética. Por el otro, con un concepto diferente de la materia, encontramos unas imágenes de H.E.White creadas a partir de las teorías de Erwin Schrödinger, que entiende los átomos como nubes de electrones alrededor del núcleo. Ambas son representaciones de un mundo sin imagen; ambos hacen visibles mundos que para nuestros ojos son invisibles y, además, al darles imagen, revelan concepciones diferentes, que definen más a quienes lo describen que al mundo que quieren describir. Son imágenes que, en el fondo, a pesar de la aparente ‘objetividad científica’, nos revelan que no somos más objetivos que un paisaje pintado por cualquier artista.

Con el proyecto Seti@Home, llevado a cabo por la Universidad de Berkeley, se nos presenta un salvapantallas para el ordenador, el cuál trabaja de manera colaborativa en red y que nos hace visible el análisis de las ondas de radiofrecuencia recibidas por el radio-telescopio Arecibo, el más grande del mundo y situado en Puerto Rico, para buscar indicios de vida extraterrestre. Otra vez se visibiliza un mundo lejano e invisible como son las señales de radio captadas en el espacio exterior.

Vistes de l’exposició PAISATGES INVISIBLES/PARATGES IMPOSSIBLES - Foto: Laura Cantarella

En esta línea encontramos el plano del geógrafo Joan Busquets. Se trata de la representación gráfica no sólo del espacio —como nos tienen acostumbrados la mayoría de los mapas— sino que también muestra la relación espacio-tiempo y como los medios de transporte condicionan nuestra percepción del espacio según la velocidad a la que nos desplazamos. De esta manera, Busquets compara un mismo trayecto Vielha-Londres, uno en avión y otro en coche. De este modo, vemos como el espacio físico se dilata o se contrae si viajamos a 50 o bien a 900 Km/h. Joan Busquets nos muestra algo que todos hemos experimentado en nuestras vidas pero que no habíamos visto nunca antes plasmado en una imagen.
Por último, Bettina Bachem toma las sugeridoras imágenes generadas por un oscilógrafo —un aparato que mide las oscilaciones de las ondas al llegar a la arena— de la playa de São Conrado en Brasil y crea un vídeo que posee el mismo efecto hipnótico que mirar el mar o bien un fuego crepitando durante horas.

Vistes de l’exposició PAISATGES INVISIBLES/PARATGES IMPOSSIBLES - Foto: Laura Cantarella

Si bien la reflexión sobre la invisibilidad se centra en el paisaje, vemos como ésta, más que hablar del paisaje en sí, lo que hace es plantar nuestra relación hacia éste y nuestras limitaciones para percibirlo. Por tanto, vemos como entre nosotros y el paisaje se produce una sinergia, una relación constante de ir y venir de conceptos, ideas o limitaciones, tanto físicas como ‘conceptuales’, que nos conforman tanto a nosotros como a los paisajes que tenemos delante, ya sea invisibilizándolos o sobreexponidéndolos a nuestra mirada.
Como vemos, pues, la invisibilidad tiene múltiples facetas y, en consecuencia, el paisaje presenta tantas maneras de mostrarse y de ocultarse como maneras de invisibilidad existen. Estas formas de invisibilidad son bidireccionales, tanto van del paisaje hacia quien lo percibe como de quien lo percibe hacia el paisaje. Se afectan mutuamente, siendo prácticamente imposible distinguir cuál es uno y cuál es el otro y, sin embargo, qué es visible y qué es invisible.

Lluís Sabadell i Artiga

Fotografias de Laura Cantarella

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