GENETIC BARCELONA PROJECT - Alberto Estévez

El hecho de modificar genéticamente unos árboles para introducirles genes de una medusa para hacerlos fluorescentes y poder así utilizarlos como alumbrado público se convierte propiamente en un proyecto de Arquitectura Transgénica.
En la línea de investigación “Arquitecturas Genéticas” realizada en la ESARQ, que desde el año 2000 trabaja sobre la aplicación de la genética a la arquitectura, uno de los proyectos iniciados es el “Genetic Barcelona Project”, que trata de desarrollar la creación de plantas con luz natural por tratamiento genético para uso urbano y doméstico, con el consecuente ahorro del costoso alumbrado eléctrico nocturno convencional. La primera fase ha consistido en una primera introducción de GFP (Green Fluorescent Protein), originaria de la medusa Aequorea Victoria, en el ADN de siete limoneros: esta es la primera vez en toda la historia de la arquitectura que los genetistas trabajan para un arquitecto.
Proceso
Para realizar esta aplicación específica de la genética a la arquitectura se ha iniciado esta introducción de ciertas proteínas luminosas en el ADN del arbolado urbano, en el cloroplasto de las plantas ornamentales domésticas, en la vegetación de los bordes de las carreteras, etc. Hay posibilidades bioluminiscentes de todos los colores, de peces abisales, de luciérnagas, de algas, y de ciertas medusas, como la Aequorea Victoria del noroeste del Pacífico, de la que se origina el GFP (Green Fluorescent Protein). Se ha iniciado el trabajo con esta última, por ser la proteína luminiscente más estudiada por los genetistas, pues la usan como marcador celular (es, por supuesto, una proteína totalmente inocua).
Consecuencias
Ante el cada vez más próximo futuro agotamiento de los recursos naturales no renovables para la producción de energía eléctrica, está claro que la energía solar de día y la bioluminiscencia de noche -ambas, fuentes inagotables y gratuitas- son dos de las soluciones que deben aportarse para impedir el colapso de nuestra civilización. El ahorro será espectacular: para hacerse una idea, debe saberse que Barcelona, ciudad que por su alta densidad tiene un área pequeña (y por tanto barata en términos de alumbrado nocturno, en relación a zonas de urbanización extensiva), se gastan cada año 10 millones de euros tan sólo en mantenimiento de farolas, aparte del normal consumo eléctrico. Como se ve, la suma de tal gasto en cada una de las ciudades de este planeta es absolutamente astronómica.
La bioluminiscencia natural, excepto quizá en algunos contados casos en que sea necesaria una intensidad especial (p. ej. quirófanos), será tarde o temprano el sustituto de la luz artificial, de eso no hay duda. Claro que se da por supuesto que se actuará con las precauciones imprescindibles, como sucede en tantas investigaciones médicas convencionales, que también deben hacerse en ambientes herméticos para evitar posibles contaminaciones indeseadas. En este caso se debe trabajar con una producción controlada de plantas estériles, sin polen, o con la GFP en el cloroplasto, para que la polinización no suponga un problema.
Al final, los siete primeros limoneros con GFP de este proyecto, creados desde el principio para un uso arquitectónico, es la primera vez que la genética se introduce de manera real en la historia de la arquitectura. Con ello, ahora, ya se ha abierto una nueva vía para un nuevo mundo de investigación, con -en principio- infinitas posibilidades de la aplicación de la genética a la arquitectura. Pues, aunque pueda parecer de ciencia ficción, lo cierto es que la aplicación de la genética puede conllevar grandes posibilidades en todos los ámbitos: ciertamente, la ciencia ha superado a la ficción.



