GRIZEDALE FOUNDATION PROJECT - Jean Gilles Décosterd

GRIZEDALE FOUNDATION PROJECT - Decosterd

Lake District Park, England. Colaboran: Catherine Cotting, Nicholas Feuz, Claus Gunti.

Una de las características fundamentales de todo proceso vital es que tiene un inicio y un final o, mejor dicho, una transformación radical. El proyecto para la Grizedale Fundation de Jean Gilles Decosterd se basa en el respeto del proceso de degradación del edificio manteniéndolo en contacto con los elementos del entorno que lo van modificando en el tiempo.

Lo in vivo de la arquitectura se materializa en la unión de tres dimensiones temporales, tres gestos concomitantes que dan realidad a la arquitectura: un campo social, un campo territorial y un campo material. Estas tres dimensiones tienen su propia temporalidad, cada una de ellas debe ser iniciada, y después mantenida hasta su muerte y su desaparición: la entropía amenaza las sociedades, los paisajes y los objetos de la arquitectura. Este estado de hecho es particularmente manifiesto en Lake District, es tanto el origen como el argumento del proyecto que desarrollamos en colaboración con la Fundación Grizdale: cómo inscribir el arte en el corazón de una dinámica social, cómo responder a la evolución histórica de un paisaje y cómo rehabilitar edificios al final de su vida. El proyecto de arquitectura quiere sintetizar estas tres cuestiones en la unidad de una formulación.
La actividad humana, por una aportación energética siempre renovada, responde, en la medida de sus medios, a la segunda ley de la termodinámica: la irreversibilidad del tiempo.

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John Ruskin en “Las siete lámparas de la arquitectura” define la arquitectura como un ser humano al que debemos apoyar, restaurando lo menos posible y al que debemos dejar morir. Esta postura de Ruskin sobre la arquitectura, a priori, hace imposible la renovación. Él da a este hecho un estatus orgánico que relaciona con el cuerpo humano que está en constante interacción con su entorno y sujeto también al envejecimiento. Cada estructura, construida o no por el hombre, se encuentra intrínsecamente sometida a un proceso dinámico por su contacto con los elementos naturales. La materia está influenciada por los cambios de temperatura, está sujeta a la gravedad y reacciona a la humedad, a la luz del sol y a la composición del aire. Mediante su adaptación al entorno, la arquitectura deviene parte de un sistema global. De acuerdo con Ruskin, la restauración debe ser mínima consistiendo solamente en acompañar al edificio en su declive.
Como resultado, lo que proponemos es una consolidación física del edificio existente, una rehabilitación pragmática y material que haga uso de simples técnicas de acuerdo con las técnicas utilizadas para su construcción. La parte habitable y confortable tendrá su sección, así como la energía de apoyo necesaria para la vida humana en un edificio anexo, un añadido vertical que tomará el aspecto de un molino, de un faro o de un granero con una triple función de señal en el paisaje, de almacén y de productor de energía. Este edificio no será una casa sino un elemento técnico la construcción del cual puede ser autorizada en un área protegida. Está concebido con una perspectiva de auto subsistencia y con el menor impacto en el lugar, ecológicamente apropiado. (…) Será construido con las materias primas disponibles en la zona. Será un híbrido entre high tech/low tech que no impondrá su técnica sino que simplemente hará uso de su utilidad y de las actuales posibilidades constructivas.